15 creencias científicas populares que en realidad son mentira

Los científicos dedican su vida a investigar todo tipo de fenómenos que ocurren en la naturaleza, y habitualmente llegan a conclusiones precisas y contrastadas, que pueden asumirse como verdaderas (al menos hasta que otro científico llegue y demuestre lo contrario).

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Lamentablemente, muchas veces al gran público le llegan otras informaciones que, camufladas en forma de afirmaciones hechas por expertos en la materia, no son más que burdas mentiras. Los canales de distribución son muchos, y más en plena época de internet: desde e-mails en cadena hasta páginas de dudosa reputación, pasando por contenido compartido sin control en redes sociales, que sin embargo muchos se creen a pies juntillas. De hecho, alguno de estos mitos ha alcanzado tal fuerza que hasta se puede oír en algún aula de colegio. Hoy desmontamos algunos de ellos, con la esperanza de contribuir a erradicarlos.

  • El agua de las piscinas cambia de color con la orina

    Esa es la historia que siempre cuentan los padres a sus hijos para evitar comportamientos desagradables. Y es cierto que existen productos químicos que puede hacer que el agua cambie de color al contacto con cualquier ácido. Literalmente cualquiera: orina, pero también sudor, restos de cosméticos, o en general suciedad de todo tipo. Por eso, ante la confusión que generaría su uso y los posibles riesgos para la salud de los bañistas, ninguna piscina pública los emplea.

  • Un año humano son siete años para un perro

    No se puede establecer una analogía tan precisa, debido a que los ciclos vitales de canes y personas son muy diferentes. La correspondencia varía en función de la etapa de su vida en que se encuentre el perro. En general, de forma muy aproximada, puede decirse que el primer año equivale a entre 10 y 15 para un humano; el segundo, a entre 10 y 8; y del tercero en adelante, a 4 o 5. No obstante, el cálculo es sumamente variable en función de aspectos como la raza del animal y su tamaño.

  • Peso y masa es lo mismo

    La masa es la cantidad de materia que posee un cuerpo, y se mide en kilogramos. El peso es la fuerza que ejerce esa masa, multiplicada por la gravedad; en sentido estricto, los físicos la miden en otra unidad llamada “newton”. Como la gravedad es prácticamente constante en todo el planeta Tierra, para el uso cotidiano se puede expresar el peso en kilos sin mayor problema. Pero a la hora de hacer cálculos más avanzados, la diferencia es importante.

  • El Sol es una bola de fuego

    El fuego es el producto de una combustión, es decir, una reacción química violenta en la que aumenta mucho la temperatura… en presencia de oxígeno, algo de lo que este astro no posee la cantidad necesaria. En realidad, lo que nos da luz y calor es un inmenso reactor nuclear de fusión en el que se desprende energía al combinar átomos de hidrógeno para formar helio.

  • Los pájaros rechazan a sus crías y sus huevos si los humanos las tocan

    No es el hecho de manipular los polluelos lo que hace que los padres los abandonen. En realidad, cuando las aves se sienten inseguras es cuando el entorno del nido ha sido alterado y no les resulta familiar. La huida no se debe a que detecten algún efluvio extraño en el plumón de su descendencia ni en la cáscara de los huevos.

  • La sangre en las venas es azul

    La sangre humana es siempre roja. El color se debe a los eritrocitos (glóbulos rojos), que son los encargados de transportar el oxígeno que nutrirá las células (en las arterias) o el dióxido de carbono de desecho (en las venas). Estos gases se unen a una molécula llamada hemoglobina, basada en el hierro, que poseen los glóbulos. Si hay oxígeno el color rojo es más brillante, mientras que si hay CO2 el tono es más oscuro y apagado. Este hecho se suma a un efecto óptico que produce la piel, que refleja la luz de diferente manera según el tipo de vaso sanguíneo que haya debajo. Por eso, aunque la sangre (y las propias venas) sigan siendo rojas, las vemos azules.

  • Los meteoritos arden cuando cruzan la atmósfera

    Esto es una verdad a medias. En muchos casos sí que ocurre, y se ve una estela luminosa que se conoce como “estrella fugaz”, pero no en todos. Se han llegado a encontrar fragmentos de roca extraterrestre recién aterrizados y envueltos en escarcha.

  • Los diamantes están hechos con carbón

    El error se debe a una confusión que podría considerarse lingüística. No es lo mismo el carbón, el mineral de color negro que se ha utilizado durante siglos como fuente de energía, que el carbono, un elemento químico presente en este mineral, en muchos otros, y hasta en los seres vivos. De hecho, el carbón se formó por la descomposición de las plantas hace unos 300 millones de años. Los diamantes, aunque están basados en el carbono, tienen una estructura molecular muy diferente. Es más: la mayoría de los diamantes conocidos se originaron mucho antes de que hubiera plantas en el planeta.

  • Cada persona se come de media 8 arañas al año mientras duerme

    En 1993, cuando internet empezaba a popularizarse entre el gran público, comenzaban a circular cadenas de e-mails con supuestas listas de hechos científicos de dudosa veracidad pero que nadie se molestaba en confirmar. A modo de sátira, la periodista Lisa Holst publicó su propia lista de invenciones, en la que incluía a las pobres arañas. Curiosamente, el efecto conseguido fue justo el contrario, y hoy mucha gente se cree algo que no sólo es falso (para comerse una sola araña se tendría que dar una combinación de hechos sumamente improbables), sino que, de ser remotamente cierto, resultaría casi imposible de comprobar.

  • La Luna tiene una cara oscura

    Debido a que el movimiento de rotación de nuestro satélite sobre sí mismo tiene la misma duración que el de traslación alrededor de la Tierra, desde aquí sólo podemos ver la mitad de la superficie lunar (en realidad algo más, un 59%, debido a unos movimientos oscilatorios llamados “libraciones”). Pero esto no quiere decir que esa parte oculta no reciba rayos de luz, exactamente igual que el resto de cuerpos celestes del Sistema Solar.

  • Cada zona de la lengua distingue un sabor concreto

    Este mito se basa en una traducción errónea que hizo un psicólogo estadounidense, Edwin Boring, de un estudio efectuado en Alemania en 1901. El documento original decía que la lengua tiene “áreas de sensibilidad relativa a los sabores”, mientras que Boring entendió que cada zona está especializada en un sabor concreto. En realidad las papilas gustativas están distribuidas de forma más o menos uniforme por toda la superficie; las diferencias que hay no son significativas. La forma más fácil de comprobarlo es ponerse un poco de sal en la punta de la lengua, región que la leyenda urbana reserva exclusivamente a lo dulce.

  • El “cuac” de un pato no hace eco

    El ruido que emiten los patos, que según los lingüistas se llama “parpeo”, produce eco, al igual que cualquier otro sonido. Lo que ocurre es que no es demasiado intenso, y además el hábitat natural de estos animales suele encontrarse en espacios abiertos, sin paredes contra las que rebotar, por lo que es difícil percibirlo. Por si quedaba alguna duda, en 2008 un investigador de la universidad británica de Salford consiguió grabar las ondas sonoras correspondientes usando una cámara de reverberación del laboratorio de Acústica.

  • El alcohol mata las neuronas

    Para que el alcohol destruyera las neuronas, o cualquier otro tipo de célula, se necesitaría una concentración de este compuesto próxima al 100%, y la embriaguez se empieza a notar con un 0,1% en sangre. Las autopsias demuestran que incluso en los casos más graves de adicción a la bebida la cantidad de neuronas no se reduce. Lo que sí se ve muy gravemente afectada es, digamos, su “calidad”: se pueden producir daños en las conexiones neuronales del cerebelo, responsables de la coordinación motora y del aprendizaje.

  • El núcleo de la tierra está fundido

    Por el hecho de estar a una temperatura muy alta (unos 5.700 grados centígrados), muchos creen que se tratan de metal líquido. Sin embargo, las investigaciones han demostrado que en realidad es una bola sólida, de unos 1.220 kilómetros de radio, formada por una aleación de hierro y níquel.

  • Los murciélagos son ciegos

    De las aproximadamente 1.100 especies clasificadas de quirópteros, sólo una pequeñísima minoría son completamente invidentes. Casi todas tienen un sistema visual más o menos desarrollado. De hecho, la ecolocalización (sistema de posicionamiento mediante el rebote de ultrasonidos en los obstáculos) sólo es patrimonio de aproximadamente la mitad de los murciélagos conocidos; el resto depende casi por entero de su buena vista.

 

Vía Yahoo

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