El Peligro de la generosidad democrática

Decía Maquiavelo que los hombres olvidan más pronto la muerte de su padre que la pérdida de su patrimonio, el mismo florentino asegura que muchos ven lo que aparentas ser que lo que realmente eres.

ULISES

 

Muchos acuden al llamado de los rituales electorales que se avecinan en junio próximo, pocos llegarán, sin embargo ese embudo no garantiza que lleguen las mejores y los mejores personas. Lo interesante aquí es la responsabilidad que tienen los diputados, regidores y presidentes municipales para con sus ciudadanos, legislatura tras legislatura deambulan diputados grises, acallados que nada tienen que decir ni hacer mas allá que levantar la mano y votar a voluntad de sus jefes parlamentarios.

La critica a esos “Representantes” radica en que una vez que han probado las mieles del privilegio de ser diputado o regidor, es que no dejan de pensar en el futuro (personal) y que el presente solo es el medio para estar vigente. Estas prácticas son las principales patologías de la puberta democracia en la que vivimos. Es cierto que el gobierno no ha podido matarnos de hambre, pero si despierta el hartazgo de la clase política que no tiene clase.

Anteriormente se creía que la moral de la vida pública no debía estar relacionado con los diez mandamientos, sino con la eficacia, aunque las manos se manchen y se percuda el alma. Hoy los ciudadanos de a pie, agraviados y resentidos ya no aceptan decálogos de promesas de campaña, hoy se requiere de posibilidades palpables y certeras. En este descenso moral en que se encuentra la política mexicana, los personajes que hay en ella no se miden por el cargo que ocupan sino por el hueco que dejan cuando se van.

Los partidos siempre han promovido el amor a la camiseta en sus mitos y sus dogmas, por eso las personas se acercan a ellos y aspiran a ser parte de la toma de decisiones. Estos institutos en su desesperado afán de cumplir sus obsesiones y aumentar su poder llegan dejar de lado su sensatez y caer en el pragmatismo, siendo que el pertenecer a un partido se convierte en una forma de vida.

Las enfermedades y los malestares son los intereses que se pagan por los placeres, partidos en el gobierno mandan de vacaciones sus principios, amplían su concepto de ética y moral para después justificar lo que se hace. Como un día dijo Lyndon B. Johnson, presidente de los Estados Unidos que tomo posesión el mismo día que fue asesinado Jonh F. Kennedy en Dallas “El Pueblo nos juzgara por lo que hagamos, no por lo que digamos” en efecto, los partidos políticos no mueren de viejos, sino de sus actos.

Cierro mi comentario señalando lo que decía León Tolstoi “Hay quien cruza el bosque y sólo ve leña para el fuego”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s