¿Por qué es tan difícil pensar en el cerebro humano?

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¿Te haz dado cuenta que siempre hay un estudio sobre el cerebro que destruye al otro? Es que pensar en el cerebro humano es muy difícil, realmente, tanto que casi no existe objetividad al hablar sobre el órgano más maravilloso de todos. Vamos a contarte cuáles son las razones.

¿Por qué cuesta tanto pensar en el cerebro humano?

El cerebro humano es uno de los grandes misterios, y si bien de a poco lo hemos ido conociendo, casi no existen datos definitivos que nos den seguridad sobre su composición, el rol de cada área y cómo trabajan. Hablar sobre el cerebro humano significa tomar una pequeña capa de conocimientos conseguidos a través de estudios. Pero los resultados, si bien son útiles, tienen una interpretación que va más bien por el lado de la psicología y no tanto en la neurociencia.

Gracias a las redes sociales e Internet, cada estudio o investigación es considerada como absoluta por parte del público, pero a diferencia de otras partes del cuerpo, con una función definida, el cerebro es imposible de interpretar sin dejar lugar a dudas.

Cada artículo que vemos publicado en las revistas científicas, suele carecer de una objetividad completa y eso ocurre porque es casi imposible ser 100% objetivos (a veces ni siquiera se alcanza un 50%) con respecto al cerebro humano.

¿Qué pasa al pensar sobre el cerebro?

La neurociencia suele construir «verdades» basándose en principios que, si bien son posible, no están probados al 100%. Si se parte de hechos concretos que no necesariamente son ciertos, los resultados se ven comprometidos. A diferencia del estudio de otras partes del cuerpo, la neurociencia no es una ciencia exacta. En cardiología, por ejemplo, podemos ver un corazón, diseccionarlo y ver cómo funciona, ya que tiene un rol fisiológico claro.

En el caso del estudio del cerebro, solo tenemos pequeñas claves o indicios, pero nunca certezas, ya que el cerebro no solo cumple una función fisiológica y por ende, fácil de interpretar, sino que sus complejidades dan lugar a hipótesis, muchas de las cuales han resultado correctas, pero otras viven en un limbo entre la subjetividad y la interpretación de los datos.

Tanto los neurocientíficos como el público en general, están sesgados por ideas previas al obtener nuevos hallazgos. Recién se podrá hablar de conocimiento verdadero, cuando una hipótesis haya sido probada en todo escenario y sea 100% ciencia, sin base en creencias anteriores o subjetividades a la hora de probar algo.

El cerebro continuará siendo un misterio y es posible que lo sea por varias décadas más, ya que su complejidad le hace imposible de entender, y siempre nos sorprende con algún hecho inexplicable que hace imposible conocerlo bien.

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