Liderar la Innovación

Se discurre con frecuencia de la imperiosa necesidad de innovar. Se habla hasta el hastío de la importancia del liderazgo. Pero se ensaya poco acerca de la poderosa alquimia que comportan el liderazgo y la innovación.

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El cambio, cualquier cambio, tecnológico, social, político necesita sostenerse en varias cualidades estratégicas a la vez. Y las tres cualidades imprescindibles del cambio son la creatividad (para inventarlo), la decisión (para implementarlo), y la persistencia (para sostener el esfuerzo).

Tales cualidades necesitan de imperiosa sincronía. De un líder capaz de infundir la motivación y aportar las herramientas. La creatividad sola es mero ejercicio de la imaginación. La decisión sola no deja de ser un voluntarismo. La persistencia desprovista de las anteriores no es otra cosa que una carrera hacia ningún sitio que no sea el fracaso.

El líder ha de ser visionario, estratega, táctico, reflexivo, integro, apasionado, motivador. Por eso hay tantos jefes y tan pocos líderes.

Encumbrar  la innovación precisa de un líder que sea capaz de inventar una película en la cual no existen los extras ni los actores de reparto. Hay motivaciones y motivaciones para la innovación. La diferencia entre pedirles a los empleados que “desarrollen nuevos productos” o “inventen el futuro”. El modelo de empresa u organización será innovadora o no será nada, porque será esa también una forma de retener talentos evitando su aburrimiento.

Una organización que escuche, valore y comprometa (desde la seducción y nunca desde la obligación y la orden) a cada uno de sus integrantes. Son celebres ya las historias de Google o 3M entregando “libremente” porciones de su tiempo a proyectos innovadores pensados por su empleados.

El líder debe desarrollar una identidad propia, que se apalanque en los rasgos culturales e idiosincráticos de quienes lidera. Es bien fácil pero decididamente erróneo hacer copy/paste (copiar y pegar) de las políticas de innovación desarrolladas en otros sitios. Ningún país, ninguna región, va a tener su Silicon Valley copiando exactamente Silicon Valley. Cada cultura, cada historia merecen ser atendidas en su individualidad.

Cualquier líder (y muy especialmente quien lidere los procesos de innovación) ha de sorprender cada tanto por lo que necesita liderar creativamente. Richard Branson fundador de Virgin Airlines ha llegado a disfrazarse de azafata y brindar servicio en pleno vuelo. Es que, el líder con atributos de carisma y seducción duplica su liderazgo.

La elección de un líder para la innovación no debería sostenerse en capacidad de obtener resultado a secas, sino también en la capacidad de iluminar y sostener procesos. La innovación lleva dentro de sí y más que ninguna otra la posibilidad

cercana del fracaso. Y los fracasos provocan decepciones, angustias, rupturas, discusiones, desaliento y abandono. Solo desde ahí se entiende la importancia del proceso por encima del resultado. El fracaso es un atajo hacia el éxito. Nadie enseña más rápido que él lo que no debe hacerse. Así se entiende la bastardeada por uso pero celebrada por cierta frase de “fracasa rápido, fracasa barato” y las metodologías Lean tan en boga en estos días. La diferencia entre una innovación y un intento fallido de ella, a menudo es solo permitirse perder una vez más y llevarse una sorpresa. En el libro “El Pensamiento en Montaña Rusa”, Creatividad en tiempos sin tiempo cuento una anécdota que ejemplifica la metáfora anterior: “Nestlé patentó el sistema de cápsulas de café Nespresso en 1976. Su comercialización diez años después fue un fracaso. El éxito llegó más tarde. En 2010, se vendieron 4.800 millones de cápsulas”.

El mejor departamento de I+D+i no alcanza para innovar. Creer que la innovación se sustenta solo con presupuesto es como creer que por tener bolígrafo y papel escribirás un best seller. No todas las innovaciones necesitan grandes departamentos de I+D+i. El chupetín solo necesitó agregarle un palo al caramelo.

La innovación del futuro llegará más rápido entendiendo subjetividades que pensando productos. Entendiendo las subjetividades de los actores que trabajan en busca de la innovación. Entendiendo las subjetividades de quienes serán los destinatarios de la innovación.

La innovación es una moda que siempre ha estado de moda. Los países, las regiones, las organizaciones sin presupuesto no tienen excusas para no innovar (están obligados por carencia). Los países, las regiones, las organizaciones con presupuesto no tienen excusas para no innovar (están obligados por presencia).

La receta, ese facilismo tan buscado, tan deseado, no es tan fácil en innovación (porque no hay ninguna que calce justo para cada identidad). La receta no es tan difícil en innovación (porque cada uno puede, y debe, construir la suya). Para líderes está reservada esa tarea.

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