Un telescopio del tamaño de la tierra para ver agujeros negros

Olvida a Nostradamus. Una de las profecías más apocalípticas sobre el universo la hizo Einstein hace justo ahora cien años:

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El espacio y el tiempo pueden desaparecer delante de tus ojos. El propio espacio-tiempo puede curvarse como el agujero de un donut alrededor de objetos físicos, no importa lo masivos que sean, y hacerlos desaparecer para siempre.

Absolutamente nada puede escapar a su fuerte campo gravitatorio, ni siquiera la luz.

Efectivamente, Einstein se refería a los famosos agujeros negros.

Se cree que son enormes y que pueden llegar a tener una masa equivalente a la de billones de soles y que, al menos, hay uno en el núcleo de cada galaxia. Sin embargo, lo que sucede dentro de ellos es todavía un misterio.

Es difícil llegar a saberlo con exactitud cuando ni siquiera se ha conseguido avistar uno con claridad.

Por eso, un grupo de astrónomos está intentando cambiar las cosas y se han propuesto obtener, de una vez por todas, la imagen que expandiría los límites del conocimiento humano, y que confirmaría la Teoría de la Relatividad general de Einstein. O bien la pondría en tela de juicio si se descubriera que estos pozos cósmicos, en vez de tener una forma circular, son achatados.

Sí, la ciencia quiere poder ilustrar los libros de texto del futuro con una foto auténtica de Sagitario A, el agujero negro activo, pero a dieta, que hay en el centro de la Vía Láctea, a 26.000 años luz de la puerta de tu casa. Un monstruo capaz de devorar de un solo sorbo las estrellas y planetas de la galaxia.

Para lograrlo, han construido un telescopio del diámetro de La Tierra. ¿Cómo? Mediante una red de antenas que recorre el planeta recopilando información desde España a Hawái, Chile o el sur de México, donde se encuentra el telescopio central, en un volcán a más de cuatro mil metros de altura.

Este telescopio gigante, que tiene el minucioso acometido de lograr captar una pequeña sombra en el centro de un fulgor, se ha bautizado como Horizonte de sucesos en honor al nombre que recibe el punto de no retorno de un agujero negro. Ese límite del que ya solo podría escapar un cuerpo capaz de viajar más rápido que la luz, algo que ya Einstein declaró imposible, a pesar de los intentos recientes de la NASA.

Si el telescopio Horizonte de sucesos consigue comprobar, finalmente, que Sagitario A es realmente un agujero negro, veremos un circulo negro fantasmal en medio de una neblina de ondas electromagnéticas. Aunque su aspecto definitivo dependerá de detalles como la velocidad con la que gira.

Si no se trata de un agujero negro, entonces ningún científico sobre la faz de la tierra sabría explicar qué es. Ni siquiera Einstein.

La mayoría de los científicos coinciden en que los agujeros negros son una especie de monstruos vagos que duermen con las fauces abiertas. No cazan. Sin embargo, cuando algo se acerca demasiado a su campo de gravedad, lo engullen sin esfuerzo y con glotonería.

A pesar de todo, recientemente Stephen Hawking, uno de los científicos que más ha investigado sobre el tema, ha declarado que no cree que existan los agujeros negros como tal. Que simplemente aprisionarían la materia y la energía temporalmente y luego la soltarían de nuevo de una forma caótica, como si les hubiera sentado mal la cena.

Sagitario A es una fuente de radiación en el centro de la Vía Láctea que fue descubierta en 1974 y, al natural, tiene el tamaño de cuatro millones de soles, pero cuando el telescopio Horizonte de sucesos logre captarlo (crucemos los dedos), lo veremos con el tamaño de una naranja.

Antes de la existencia de este gran telescopio, lo único que se había conseguido avistar es la nube luminosa que lo rodea. Intentar mirar a través de ella es como mirar a través de un cristal helado. Paradójicamente, los agujeros negros son de los elementos más luminosos del espacio debido a la radiación que se produce a su alrededor.

Hasta ahora, los astrónomos podían ver al agujero negro de la Vía Láctea “comiendo” siguiendo puntos calientes arremolinándose en el gas hacia la muerte. Ahora, si todo va bien, a finales de verano o en otoño , los científicos ya podrían tener una primera imagen, poco definida, de un agujero negro. Algo que, pase lo que pase, lo cambiará todo para siempre.

Expandir los límites del conocimiento humano se encuentra a una sola foto de distancia

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