El hombre perfecto es esta mujer

Los estereotipos son verdades gastadas.

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Y lo gastado necesita un repuesto. Así que trae las arrugas y las tallas “grandes”, las manchas en la piel y las cabezas rapadas, las miradas bizcas y las feminidades duras, la androginia exótica y las identidades fluidas, porque ya no se necesita serbella como un pavo real, pero tonta como una oca para brillar sobre una pasarela.

La nueva década nos ha sorprendido con una vuelta de tuerca al concepto dela diversidad en la moda. Entre tanto homenaje al hueso, lo que destaca es lo distinto. Lo exótico se ha vuelto tendencia, pero uno se pregunta: ¿cuánto hay de juego mediático y cuanto de apuesta real por la pluralidad?

¿Se puede hablar de un cambio de modelo en la moda o se trata de un simple remiendo vistoso para distraernos de un canon de belleza que siempre está presente?

Casey Legler comparte esas dudas. La diferencia es que ella se hace esas preguntas desde el corazón del monstruo, porque ella está en el centro mismo de ese debate.

Legler aterrizó en el mundo de la moda tarde y de casualidad. Sucedió en 2012 de la mano de su amiga Cash Bird.

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La fotógrafa necesitaba a alguien que posara como hombre durante una sesión de fotos que estaba realizando para la revista Muse. Se lo acabó pidiendo a Casey, y el resultado le pareció tan bueno que decidió enseñárselo a un agente de Ford Models. Al día siguiente, Legler fue invitada a firmar un contrato con Ford para trabajar exclusivamente en su plantel masculino.

A sus 35 años, y sin ninguna experiencia previa en el mundo de la moda, Legler se convirtió en la primera mujer contratada por una gran agencia para modelar exclusivamente ropa para hombres. Los medios hablaron de ruptura, pero ella se tomó ese giro del destino con la mayor naturalidad del mundo.

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“Ser la primera mujer en una plantilla masculina es la parte menos sorprendente para mí; eso soy yo“.

Legler ha tenido muchas vidas. Hasta los 21 años se dedicó a la natación de forma profesional. Llegó a formar parte del equipo olímpico francés en los Juegos de Atlanta, y sin embargo ella defiende que nunca le gustó nadar.

“Ya entonces era un perfecto chico queer con cero vocabulario para definir lo que era“, comenta la modelo en una vieja entrevista. “Después de una incursión accidental en la piscina a los 10 años, acabé siendo olímpica con 18. Lo más complicado de esto era la desconexión entre lo que quería hacer y lo que estaba haciendo. Así que mi etapa de deportista tiene sobre todo que ver con poner orden en mi sentido de mí misma“.

Tras dejar atrás las piscinas, Legler se interesó por la arquitectura y la escenografía, consiguió una beca para estudiar derecho y llegó a empezar medicina. Poco después se mudó a Nueva York, se concentró en su carrera artística, y cuando su amiga Cass Bird le pidió permiso para enseñar aquellas fotos a una agencia de modelos, tomó una respiración profunda y dijo sí. “Había dicho que no durante demasiado tiempo”.

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Emiliy Novak de Ford Models la fichó inmediatamente y su primera gran campaña llegó poco después de la mano de AllSaints. Wil Beedle, director creativo de la marca, defendía así su elección:

“Como ex atleta que es, Casey tiene una presencia casi arquitectónica y un espíritu moderno que resuena con la tradición de las mujeres de Helmut Newton y con los hombres de Hedi Slimane“.

Siempre a caballo entre dos mundos, pero ni se te ocurra llamarla andrógina.“No hay ninguna ambigüedad en mí”, asegura.

Hoy, Casey ve su trabajo como modelo como una extensión de su actividad artística en el campo del vídeo arte y la performance. Parte de su trabajo, considera, es forzar una conversación que vaya más allá de las maneras en que la moda tiende a retratar las cuestiones de género.

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“Soy una mujer que modela ropa de hombre, pero esto no va de género“, se titula una de sus columnas para The Guardian.

“¿Porque me molesto en escribir esto? Porque soy gay. Soy butch. Soy mujer. Soy queer. Tengo 36. Mido 1,88. Y que nos preocupemos por la alteridad es algo que me importa“, escribe Legler. “Limitar esta conversación a la pista falsa del género es peligroso, negligente e ignorante (…) Mi responsabilidad es para con los chicos que pueden sentirse avergonzados, que pueden ser excluidos por la sociedad, simplemente por ser diferentes“.

A Legler le importa lo que queda más allá de la apariencia. Su trabajo en la moda lo ve como una forma de crear espacios, abrir huecos para otros, derribar estereotipos, ayudar a mover las paredes de sitio.

Quizás por eso, en su reciente campaña para The Upside ha decidido hacer lo que no había hecho hasta ahora: posar con una colección ideada para la mujer.

No es casualidad que la campaña se llame Be You.

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La intención de Legler en el campo de la moda va más allá de su propio deseo de autoafirmación. Su jugada es a favor de la expresión, la transformación y la libertad personal en el sentido más amplio. Porque la moda afecta no sólo a cómo nos vestimos, sino también a nuestra manera de relacionarnos, a nuestro modo de ver el mundo e incluso de mirarnos a nosotros mismos.

“Si la imagen de mí que llega ahí fuera ayuda a que algún chico piense que hay un jodido lugar para él en el mundo, entonces ese es el asunto en el que yo ando metida”.

Reconocer nuestra identidad flexible, ¿no es acaso una tremenda oportunidad?

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