Que pague Steve Jobs: así se graba un disco gratis en un Apple Store

Les das la mano y te agarran el codo. Eso debe de estar pensando algún gerifalte de Apple al conocer la historia de este chico risueño, probablemente el cliente más “odiado” en la historia de los Apple Store.

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¿Su pecado? Ser pobre. Y creativo. Y también más astuto que el resto.

Pregunta a cualquier empleado de cualquier tienda Apple del mundo por las cosas que más odian de su trabajo, y todos te dirán más o menos lo mismo: que si el código de silencio, que si el coaching evangelizador de la marca, que si la presión para que vendan más que sus compañeros…

Todo eso pesa, seguro, pero no hay nada peor que tener que lidiar con los típicos clientes latosos. Y entre ellos, hay una subespecie que parece despertar especial ojeriza: aquellas personas que usan los ordenadores expuestos en los establecimientos para atender sus asuntos personales.

“Un montón de adolescentes entran y usan Photo Booth y luego nos preguntan cómo subir esas imágenes a su Facebook”. “Muchos sin techo vienen y hacen videoconferencias”. “La gente hace llamadas telefónicas, o se pasa dos horas chateando en skype con amigos”. Son quejas típicas de un vendedor de Apple rastreadas por la red, escenas que se repiten cada día en cada Templo de la Manzana Luminosa, pero el pícaro Prince Harvey acaba de subir el listón de esa utilización de recursos ajenos para fines privados. Y además con mucho.

Si la vida te da limones, haz limonada. Ese dicho debió resonar en la cabeza del joven Harvey cuando vio como su plan vital estaba a punto de venirse abajo por culpa de unas dificultades logísticas con las que no contaba.

Por un lado, el loft que compartía en Bushwick con otras 20 personas se vioamenazado de desahucio. Su techo peligraba. Por otro, su MacBook y su disco duro externo dejaron de funcionar casi a la vez. Shit happens.

Harvey se vio, casi de la noche a la mañana, prácticamente sin casa, sin medios técnicos para acabar el disco en el que estaba trabajando y sin recursos para sustituir el material averiado. ¿Cómo escapar a ese escenario de tormenta perfecta?

“Nueva York es una ciudad cara. No me podía permitir comprar otro ordenador. Lo único que pensaba era. ‘Me voy a morir antes de que nadie sepa que soy bueno’“, explica nuestro hombre en The Daily Best.

Otros en su lugar, habrían pedido un portátil prestado y habrían ocupado el sofá del amigo de turno durante las semanas que hiciera falta. Harvey, sin embargo, prefirió aplicar aquel viejo eslogan de Apple que decía…

Piensa diferente.

Si la montaña no viene a Mahoma, Mahoma va a la montaña. Prince Harvey necesitaba un portatil y un software básico de edición de audio para grabar su álbum. Así que fue donde sabía que podía encontrarlo, cada día, sin necesidad de pedir favores a nadie.

Durante cuatro meses consecutivos, Harvey hizo del Apple Store del SoHo neoyorquino su estudio de grabación particular. Allí se plantó a diario, de lunes a viernes, semana tras semana. Y allí se dedicó a grabar, de forma furtiva, con la ayuda de su voz, un micrófono prestado y uno de los ordenadores expuestos, todos los ritmos y todas las rimas de su álbum PHATASS, acrónimo de Prince Harvey At The Apple Store: SoHo.

El resultado suena así:

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