Viñedos capaces de capturar carbono y de producir sus propios fertilizantes

Un equipo multidisciplinar trabaja para lograr que un viñedo sea capaz de capturar dióxido de carbono y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero responsables del cambio climático y de producir además sus propios fertilizantes a partir de los residuos orgánicos generados durante la vendimia.

VINŢEDO
Intenta así cerrar el círculo de una agricultura cada vez más sostenible y capaz de producir alimentos más saludables.


“Devolver a la tierra lo que nace en la tierra”: ése es el objetivo del proyecto europeo Life + “Integral Carbon”, una iniciativa en la que se han volcado la UE, las universidades de Burgos y Valladolid, el Centro Tecnológico Nacional Agroalimentario de Extremadura, la Denominación de Origen Vinos de Uclés y la empresa de ingeniería Kepler.
Y para ello, han convertido una parte de los viñedos que integran la Denominación de Origen Vinos de Uclés en un laboratorio donde un equipo multidisciplinar de científicos, tecnólogos, viticultores, enólogos o agricultores quieren demostrar que es posible reducir la dependencia de los abonos minerales y de los productos fitosanitarios y aumentar la fertilidad de los suelos y la productividad de las explotaciones.
Será un ejemplo más para acreditar el verdadero significado de la red Natura 2000 y que las actividades tradicionales como la agricultura, la ganadería o los aprovechamientos forestales pueden llegar a ser los mejores aliados de la conservación de la biodiversidad y de los recursos naturales.
Además de reducir -hasta casi neutralizar- las emisiones de gases de efecto invernadero- el equipo está logrando mejorar la calidad del suelo donde se cultivan las viñas gracias a un fertilizante elaborado con algas autóctonas procedentes del propio suelo de los viñedos de Uclés.

En busca de una metodología extrapolable a toda la industria del vino
El proyecto europeo “Integral Carbon”, que se prolongará hasta 2016 y en el que se han implicado instituciones públicas y empresas privadas, pretende “solo” eso: demostrar que es posible en la industria vitivinícola la captura de gases de efecto invernadero, su fijación en el suelo gracias a las algas autóctonas y su utilización posterior en el viñedo como fuente de nutrientes vegetales.
Y del éxito del mismo depende el establecimiento de una metodología que ayude a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en el sector vitivinícola, con lo que ello supone para el viñedo español, que ocupa una superficie superior al millón de hectáreas y genera una mano de obra que ronda los 18 millones de jornales cada año.

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