#Entérate Mujeres ‘indie’, las rockstars del negocio musical en México

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Aunque no hay cifras sobre el porcentaje de solistas o proyectos musicales liderados por mujeres, lo cierto es que ellas representan el 51% de la población del país. A pesar de ser mayoría, su participación en los sectores económicos en México no es tan amplio.

En 2012 representaban apenas el 16% del sector empresarial, de acuerdo con el INEG.

 

Y el ecosistema emprendedor no es muy diferente: apenas el 19% de los proyectos son encabezados por mujeres, según la aceleradora Victoria 147.

¿La música puede revertir esta tendencia? Tres jóvenes mujeres con proyectos que les permiten vivir de su talento comparten su perspectiva como músicos y como emprendedoras.

La libertad como negocio

Ingrid Beajuean es parte de la nueva ola de voces en el jazz. Comenzó a cantar desde niña y hace unos años debutó con el Beaujean Project, al lado de su gemela Jennifer. Ahora, a sus 28 años, acaba de lanzar su primer disco solista, Cuento, que es una producción independiente.

“Para mí ser independiente es ser emprendedora. Siempre he dicho que la música da muchas alternativas para sobrevivir y tener ingresos, pero se necesita mucho compromiso”, asegura Ingrid.

Y añade que hablar de modelo de negocio para un músico es siempre algo complicado, ya que pocos artistas saben cómo hacer dinero con su talento. Luego de tener que pedir dinero a familiares y amigos para su primer disco, esta segunda vez se decidió a cambiar las cosas.

“Aprendí a ser más organizada, a tener metas para no hacer música solo por hacerla, a tener claridad para poder describir mi propuesta y para comunicarme mejor con los músicos con los que colaboro”, dice la jazzista, y añade que “ser indie me ha dado la libertad de vivir haciendo lo que quiero”.

Pero esta libertad que da el no tener que ajustarse a los esquemas de las discográficas también significa dejar por completo a los músicos la responsabilidad de gestionarse y financiar sus propias producciones.

“Creo que estamos en un momento particular no solo por el auge de los emprendedores, sino porque se rompió el viejo paradigma de la industria musical; ahora los músicos son sus propios jefes”, explica Leiden, que define su música entre el rock y la nueva canción latinoamericana.

Mujeres independientes

De acuerdo con la OCDE, México tiene una de las tasas más bajas de participación laboral femenina, con apenas 48%, y debajo del promedio de 62% de la organización.

Entre los obstáculos que impiden a las mujeres participar de manera más efectiva en el mercado laboral, la misma OCDE señala que hay algunos asociados con los roles de género, como el cuidado infantil y el trabajo no remunerado por deberes del hogar.

En el caso de Ingrid Beaujean, asegura que las mujeres en el jazz deben todavía de alejarse de los clichés que han perdurado por años, como “que las jazzistas usan unos vestidos súper sensuales y que solo se limitan a cantar”.

“Como líder de mi banda –agrega Ingrid- soy algo poco común en el jazz, pero también me topé con gente que no me toma en serio. Todavía escucho de amistades que les reclaman que llegaron a donde están solo por el hecho de ser bonitas. Son estas pequeñas cosas que comprueban que no tenemos una cultura equidad”.

 

En un género poco común para las mujeres como lo es el metal, Anna Fiori encontró una salida a su potente voz.

“El metal era muy masculino, pero ahora está cambiando. Cada vez hay más grupos con mujeres como líderes. Incluso, grupos integrados por hombres consideren trabajar con una mujer para algunos de sus temas”, dice Anna Fiori, metalera de 24 años.

Anna dice no haber tenido problemas por su género para lograr tener un proyecto solista y ser la voz principal en otra agrupación de metal. Incluso dice sentir más apoyo de sus colegas hombres que de las mujeres metaleras. “Muchas mujeres se victimizan, pero yo no. Yo creo en mi trabajo y me dedico a salir adelante”, aclara.

“Antes el metal era muy masculino, pero ahora las chicas metaleras somos la novedad y un gancho comercial. Hace falta más tiempo para lograr una verdadera equidad de género y ya no es suficiente con vocalistas, ahora necesitamos también mujeres guitarristas o bateristas en el metal”, dice Fiori.

 

Otra tendencia reciente en festivales o foros independientes es que crean carteles específicos con mujeres y esto, asegura Leiden, crea mayor confusión.

“Algunos engloban la música femenina como un género en sí y no estoy de acuerdo. Yo no creo que haga música para mujeres, yo hago rock y quiero abrazar a todos con mi propuesta. Nos conglomeran a todas en ciertos escenarios o espacios y con cierto discurso para compararnos igual. Nuestra música va más allá de ser mujeres”, subraya Leiden.

Caminos complicados

Cuando hablamos de cómo empiezan los músicos independientes su carrera, su experiencia no es diferente a la de los emprendedores.

Lo primero es el financiamiento. Ingrid Beaujean tuvo que pedir dinero a su mamá y a un tío para poder lanzar su primer disco junto con su hermana. Y Leiden tuvo que renunciar a su carrera como socióloga y actriz de teatro para dedicarse de lleno a la música.

Y en un ecosistema tan competido como es el de la música, ellas han tenido que encontrar la forma de sobresalir.

“Música hay mucha, el reto es dar valor a tu propuesta para brillar entre lo que ya existe. Ya sea como solista o banda, te conviertes en una marca que hay que posicionar si quieres ser parte del negocio”, dice Anna Fiori.

Si en algo las tres coinciden, es que entre ser indie y ser emprendedora existe un elemento común: lapasión por tu proyecto.

Leiden dice a todos los que quieren emprender como músicos independientes que lo primero es tener “arrojo para defender a capa y espada su propuesta. Que sean profesionales y den lo mejor de ellos. Cada uno debe ser su primer filtro de calidad, si sientes que algo no es bueno, también lo notara tu público”.

Finalmente, ellas sugieren borrar de la mente la idea de que la música no da para vivir. Especialmente si vemos que plataformas como Spotify, que aprendió a hacer dinero con la música y tiene un valor estimado en 8,4000 millones de dólares, no sería nada sin el talento y los contenidos de millones de músicos alrededor del mundo.

“Como artistas nos cuesta trabajo ponerle precio a nuestro trabajo, pero el primer paso es tener claro desde el inicio que hacer arte no está peleado con tener ganancias”, concluye Anna.

 

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