Motivos para celebrar el Día de la Tierra

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El 22 de abril es el Día de la Tierra. Desde hace más de 45 años lo celebramos para concienciar a la población sobre la degradación ambiental y la injusticia social, provocada por los cada vez más graves problemas ambientales sobre los sectores de la sociedad más vulnerables y desprotegidos.

La celebración comenzó en Estados Unidos, a iniciativa del Senador Gaylor Nelson, que consiguió su objetivo de crear un departamento gubernamental que trabajara la protección del medioambiente en el país (lo que hoy es la Agencia de Protección Ambiental, EPA), y el inicio de la política ambiental estadounidense, con la aprobación de la primera Ley sobre Aire Limpio (Clean Air Act). Ha sido esta misma Agencia designada para poner en marcha la reducción del 32% de emisiones de las plantas de carbón productoras de electricidad (Clean Power Act ). Esta medida, que ha sido la principal disposición de lucha contra el cambio climático aprobada por el gobierno de Obama, está ahora pendiente de su aprobación por la Corte Suprema de Justicia.
Esta primera celebración del Día de la Tierra en 1970 se considera el inicio del movimiento ecologista en el mundo. La celebración se ha extendido desde entonces por todo el planeta y se calcula que a día de hoy es celebrado en más de 190 países.
Lamentablemente no faltan razones para continuar demandando más protección ambiental. Se calcula que en Europa, el 90% de la población está expuesta diariamente a niveles de contaminación del aire, extremadamente perjudiciales para la salud. La mitad de las aguas de Europa no se encuentran en buenas condiciones. La contaminación, su uso excesivo y el cambio climático, son algunas de las principales razones que explican este estado. Según los expertos, el 60% de los ecosistemas del mundo están degradados o se gestionan de forma insostenible, el número de especies ya desaparecidas y a punto de hacerlo es cada vez mayor. En Europa el 77% de los hábitats se encuentran degradados.
Un problema ambiental particularmente importante es el cambio climático. Las emisiones de gases de efecto invernadero son más altas que nunca. Desde la década de los 70 han crecido en un 90%. Según los últimos datos disponibles, estas emisiones se han traducido en un aumento de la temperatura media del planeta de 1º C desde la era preindustrial. Debemos recordar que el Acuerdo de París tiene como objetivo limitar el aumento de temperatura media global entre 1.5 y 2ºC. Sin embargo, el año 2015 ha sido el más caluroso desde que se tienen registros. Y 15 de los 16 años en los más calurosos de la historia han ocurrido desde el año 2001. El consumo de combustibles fósiles (carbón, gas, petróleo) para calentar nuestros edificios, mover nuestros coches, iluminar nuestras casas o hacer funcionar nuestras fábricas son algunas de las causas de este crecimiento. La deforestación, el cambio de uso de la tierra hacia la agricultura y pastos para ganadería son otras.
Por todo esto fue elegido el Día de la Tierra como día para celebrar la firma del Acuerdo de París de cambio climático. Hoy, mandatarios de 155 países se reúnen en Nueva York para firmar este acuerdo adoptado durante la COP21 el pasado diciembre. Esta firma es el inicio del proceso legal que llevará a la ratificación o aprobación del acuerdo por cada uno de estos países. El sistema legal que debe seguir cada uno de ellos es diferente. Este fue uno de los elementos más controvertidos del acuerdo. Con el objetivo de flexibilizar este proceso legal y evitar tener que pasar por congresos, como el de Estados Unidos, que con seguridad bloquearían el acuerdo, se incluyó entre los instrumentos de adopción del acuerdo, además de la ratificación (forma habitual de aprobación de acuerdos internacionales) la adhesión, aceptación y aprobación del mismo. En otros países como España, la ratificación de este acuerdo, como el de cualquier otro internacional pasa por la aprobación del Congreso.
Y será justamente la puesta en marcha de medidas que aseguren el cumplimiento del Acuerdo de París una de las tareas importantes del nuevo gobierno. España debe cumplir con el objetivo europeo de reducir un 40% las emisiones en el año 2030 frente a niveles de 1990. Sin embargo, en España las emisiones están aumentando y nos sitúan en la parte más complicada del tablero. Según algunas estimaciones, en 2015, primer año en el que nuestro PIB creció (en un 3.2%) desde el comienzo de la crisis económica, las emisiones ya habían aumentado un 4% con respecto al año anterior. Esto significa que no hemos conseguido desacoplar nuestra economía de la producción de emisiones; lo que nos hace menos competitivos frente a otros países que sí lo han conseguido (Suecia, por ejemplo, cuyo PIB creció un 31% y sus emisiones se redujeron un 8%). En España sólo se produjo una reducción de emisiones entre los años 2008 y 2013, en los que la economía española fue profundamente afectada por la crisis económica y la posterior recesión. El reto será conseguir este desacoplamiento a la vez que se mejora nuestro bienestar y crece el empleo. La apuesta por un sistema energético limpio basado en el uso masivo de energías renovables, una movilidad sostenible y unos niveles mucho mayores de eficiencia y ahorro energético en nuestros edificios e industrias forma parte de la receta de soluciones.

(*) Ana Belén Sánchez es coordinadora del panel de sostenibilidad de la Fundación Alternativas.

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