La parte oscura de los propósitos de Año Nuevo

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No es que la meta no sea importante, pero al enfocamos mucho en ésta olvidamos lo que necesitamos hacer para lograrla.

 

Alguna vez has notado que tomamos las decisiones más estúpidas al final del día. Por ejemplo ese último “tragazón” de galletas que te diste antes de dormir cuando estás tratando de bajar de peso o desvelarte toda la noche viendo videos de YouTube, cuando quieres despertarte temprano.

 

Los investigadores ahora saben por qué hacemos esto, y no es tu culpa. Es culpa de la llamada fuerza de voluntad.

La famosa fuerza de voluntad es como un músculo, y cada vez que tienes que tomar una decisión, usas la fuerza de ese músculo.

Mientras más decisiones tomas sobre qué cosas comer o no, qué ropa ponerte o no, usar bicicleta en lugar del auto, más cansado está tu músculo y más débil comienza a quedar y menos fuerza de voluntad tendrás para tomar decisiones sobre las cosas que realmente importan.

Esto es crucial debido a que los investigadores dicen que tomar más decisiones difíciles todos los días a toda hora en realidad limita nuestra habilidad para lograr las cosas que realmente harán cambios en tu vida, como bajar de peso, leer más, aprender un hábito nuevo, ahorrar, etc

Todos tenemos algo que queremos lograr en nuestras vidas – estar en mejor forma, crear un negocio exitoso, ganar dinero extra, escribir best seller, aprender un idioma, terminar la tesis o la carrera y así.

Y para muchos de nosotros, el camino a esas cosas comienza con una meta específica (propósito de año nuevo) y accionable. Al menos, así es como te han dicho que lo hagas en tu vida, pero año con año, ese método no funciona y aun así cada año repetimos el mismo ritual.

En realidad, todo se reduce a las diferencias entre los propósitos y los sistemas (el proceso que haces diariamente). Déjame explicarte la diferencia entre metas y sistemas:

  • Si eres un entrenador, la meta es ganar un campeonato. Tu sistema es lo que el equipo necesita hacer cada día.
  • Si eres un escritor, tu meta es escribir un libro. Tu sistema es la agenda que tienes para escribir algo cada semana.
  • Si eres un corredor, tu meta es correr un maratón. Tu sistema es lo que debes correr cada día y como debes alimentarte.
  • Si eres un emprendedor, tu meta es tener un negocio que venda 1 millón de pesos. Tu sistema es el proceso de venta y marketing diario.

Ahora la pregunta es: ¿si ignoras tu meta y te enfocas en el sistema, aún así conseguirás los resultados deseados?

Por ejemplo, si fueras un entrenador de un equipo de fútbol e ignoras la meta de ganar el campeonato de la liga y te enfocas en solo lo que el equipo tiene que hacer y practicar cada día, ¿tendrías resultados? Sí.

Por ejemplo, yo soy autor y consultor de negocios también, tengo la rutina de escribir artículos, dos a la semana, y lo he hecho por un año y medio.

Al final de ese año tengo artículos como para editar un libro. No digo que la meta no sea importante, sino que muchos cometemos el error de solo ver la meta sin enfocarnos en el sistema que nos llevará a cumplir la meta.

Por lo que este año quizá lo más importante no sean los propósitos de año que te hiciste (tus metas) sino más bien debes enfocarte en crear los sistemas que te ayudarán a lograr esa meta. Lo importante no es la meta, es el sistema.

1. Las metas o propósitos, reducen tu felicidad

Cuando haces tus propósitos de año nuevo, esencialmente estas diciendo, todas las cosas que has querido hacer y no has logrado. Eso es un sentimiento frustrante, por eso no nos gusta fijar metas, porque son esencialmente las cosas que no tenemos y reconocemos que “no soy lo suficientemente bueno, pero lo seré, cuando logre este propósito”.

El problema con esta forma de pensar es que te enseñas a ti mismo a posponer la felicidad hasta que se logre la meta o el propósito. “Una vez que sea, que haga, que tenga… entonces seré feliz. Una vez que haya cumplido mi propósito entonces seré exitoso”.

SOLUCION: Comprométete al proceso diario, no al propósito de año nuevo o meta.

Escoger una meta pone una enorme carga en tus hombres. Si yo hubiera tenido la meta de escribir un libro este año, tan solo comenzar a escribir las primeras líneas me hubiera estresado tanto y quizá lo hubiera dejado en un par de meses o semanas.

Nos hacemos esto a nosotros mismo todo el tiempo. Ponemos una carga innecesaria en nosotros mismos para bajar de peso, tener éxito en un negocio, terminar la carrera, la tésis o escribir un libro. En lugar de eso puedes mantener las cosas simples y reducir el estrés al enfocarte en el proceso diario, en lo que tienes que hacer cada día en lugar de ver la gran meta que cambiará tu vida.

Cuando te enfocas en el día-a-día disfrutas más el momento presente y mejoras al mismo tiempo.

2. Los propósitos de año nuevo solo funcionan a corto plazo

Quizás pienses que tu propósito de año nuevo te mantendrá motivado todo el año, pero eso no es verdad.

Lo importante de aprender un nuevo hábito es eso, que se convierta un hábito, es mejor aprender el hábito de correr todos los días, a solo tener la meta de correr un medio maratón, quizá lo logres, pero cuando solo te enfocaste a eso, corres ese maratón una vez en tu vida y los días restantes jamás vuelves a hacerlo, ¿me explico?

Esto sucede muchas veces, la gente se pone metas de bajar de peso, hacer más ejercicio, aprender inglés, y cuando reduce unas tallas, va al gimnasio un mes, y aprende unas cuentas oraciones en inglés, se desmotivan, ¿por qué? Esto es algo que yo llamo el “efecto yo-yo”, enfocarnos en el propósito que sólo crea un ciclo de culpa el día que no hicimos nada y felicidad momentánea cuando logramos un pequeño avance y muy pocas veces tenemos un logro a largo plazo.

“Yo necesito resultados rápidos, yo tengo que bajar de peso, yo tengo que aprender inglés”. Date cuenta hay remordimientos si no lo haces, logras un avance mínimo y te desmotivas porque el gran propósito que cambiaría tu vida no se cumple. Por lo tanto, eres infeliz.

SOLUCIÓN: Deja la necesidad de buscar resultados inmediatos.

Un día mientras estaba en el gimnasio entrenando, sentí un pequeño dolor en mi hombro, no era muy doloroso, quizá solo un signo de fatiga, pero algo que poner atención. Por un minuto, pensé: ”tengo que hacer la última serie, cueste lo que me cuesta, ¡es mi meta!”.

Después me recordé a mí mismo que yo planeo hacer esto por el resto de mi vida, así que decidí que era mejor no arriesgar y lastimarme seriamente el hombro, lo cual hubiera desencadenado en no hacer ejercicio por lo menos en un par de semanas.

En situaciones como la que describo, una mentalidad basada en los propósitos y metas por encima del proceso diario, me hubiera dicho: “termina la serie, es la meta, porque si no lo haces te sentirás culpable, fracasado, no lograrás la meta que transformará tu vida al verte bien”.

Pero con una mentalidad enfocada en el proceso diario, no tuve problemas en seguir con otro ejercicio. El pensamiento basado en el proceso diario no es sobre lograr un número determinado, sino de comprometerse a hacerlo todos los días y no perder un solo entrenamiento.

Otro ejemplo, varias personas me preguntan cómo hacer para aprender el hábito de leer, muchos se ponen el propósito de leer un libro al mes, cuando nunca han leído, o piensan que si la novela es bastante atractiva se engancharán y no podrán dejar de leer.

Entonces si no logran hacerlo, la culpa es del autor del libro que no lo escribió para “engancharnos”. Falso.

Lo importante de esto, es el proceso, como ya bien dije en lugar de enfocarte en la meta, enfócate en el proceso diario, lee dos hojas diariamente y si un día no puedes leer las dos hojas por algún motivo lee una o un párrafo, lo importante no es el número, sino que todos los días leas algo, enfócate en eso, y a largo plazo, habrás leído un libro, y lo más importante: habrás adquirido el hábito de leer.

Yo sé que, si no pierdo mis entrenamientos diarios, a largo plazo podré cargar más peso y mis músculos resistirán más. Esta es la razón por la que el proceso diario es más valioso que el propósito de año nuevo en sí mismo.

Las metas y propósitos te enfocan en resultados inmediatos, los procesos en resultados a largo plazo, y al final el proceso gana.

3. Los propósitos o metas sugieren que puedes controlar cosas

Cada vez que fijamos un propósito, tratamos de hacerlo, intentamos planear donde y cuando lo lograremos. Tratamos de predecir qué tan rápido tendremos progreso, incluso, cuando no tenemos idea de que circunstancias o situaciones enfrentaremos a lo largo del año nuevo.

SOLUCIÓN : Revisa y mide lo que haces constantemente

4. Usa máximo 15 minutos a la semana para revisar procesos y resultados

Por ejemplo, para mi negocio, mi proceso diario me dice que tengo que escribir artículos, publicar algo en social media, y cada semana reviso y calculo la tasa de conversión (el porcentaje de visitantes a nuestro blog que hicieron alguna acción específica, cómo, suscribirse, retwitear, etc ). Y más que enfocarme en el número, me enfoco en ver qué cosas estoy haciendo bien y seguirlas haciendo y cuando algo baja en los números, solo corrijo en mi proceso diario lo que mejor resultados tiene.

Revisar y medir lo que estamos haciendo diariamente, por ejemplo, si estás mejorando tus hábitos alimenticios y en dos semanas no hay un avance sensato, quizá tienes que revisar lo que estás haciendo diariamente. Tal vez te estás perdiendo una comida, no estés durmiendo lo suficiente, etc.

Revisar en periodos cortos ayuda a mantener el rumbo que quieres en lugar de intentar predecir lo que sucederá en 3 o 6 meses.

Olvida intentar predecir el futuro, construye tu proceso diario y ajústalo cuando haya circunstancias imprevistas.

5. Enamórate del sistema de los procesos diarios

No estoy diciendo que una meta o propósito de año nuevo sea inútil. He encontrado que los propósitos son buenos para planear tu vida y que los procesos diarios son buenos para hacerlos realidad.

Este año debería ser el año del “día-a-día”, desacelera un poco y sé consistente, un progreso metódico, pero lento es más importante que alcanzar un propósito que te mantiene motivado por unos días pero que en febrero ya no lo estás haciendo.

En lugar de hacerte un propósito de año nuevo, este año pregúntate:

  1. ¿Que cosa tienes que hacer todos los días para crear un proceso que haga realidad esa meta?
  2. ¿Que cosas tienes que darle más tiempo, en tu día-a-día? ¿Cómo sería tu día ideal? Comprométete y enfócate en ello.
  3. ¿Cómo quieres que sea un día en tu vida ideal? Diseña cómo debería ser ese día, y solo repítelo diariamente.

Las metas pueden proveer dirección e incluso dar un empujón rápido, pero eventualmente un proceso diario bien diseñado siempre gana. Tener un proceso diario es más importante y comprometerte al proceso es lo que hace la diferencia.

Yo enseño este pequeño cambio de mentalidad, tengo otros 29 secretos más que pueden hacer la diferencia este año nuevo, si quieres aprenderlos, búscame en mis redes sociales.

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